ARTESANIA PATAGONICA
Oscar
Ziehlmann ha dedicado su vida a buscar su Patagonia natal y su propia
inquietud artística, y pareciera que al fin ha encontrado el
cauce que une a ambas. Hace ya varios años, renunció a
la orfebrería –quizás más vendible y más
“usable”- para adentrarse de hecho en lo que él siente
como la esencia del alma del sur: la piedra.
Se
ha dedicado desde entonces a buscar sorprendido la materia rocosa de
su entorno duro e imponente, la textura del guijarro, el color del interior
de la roca escondido tras la pátina superficial impresa por el
tiempo, el viento, la lluvia. Se ha dedicado, sobre todo, a buscar al
habitante ancestral de estas inmensidades: al rostro imaginado y fotografiado
del tehuelche, al danzante extasiado del kloketen - mezcla del ágil
Ulen (con su cuerpo pintado a rayas blancas horizontales) y el temido
Kataix (con sus cuernos), al mito aonikenk de Elal montado en el cisne.
Pero
aunque algunas de estas obras nos recuerden el grafismo de un grabador
como Santos Chávez, Oscar Ziehlmann es inconfundiblemente Ziehlmann
hasta que se enfrenta, como por casualidad, con el arte de estos antiguos
patagones, en un encuentro sincero y natural con el arte rupestre y
su rica simbología de manos, guanacos, grecas y rayas.
Oscar
no pretende forzar su propia creación, ni le preocupa la rigurosidad
de su documentación. Aunque en el original las manos y guanacos
aparecen siempre pintados sobre la roca, Oscar graba profundamente en
sus guijarros estos signos. Aunque en el arte rupestre no se representó
jamás una punta de flecha –otra obra de arte que se encuentra
muchas veces aflorando en el suelo arenoso de la pampa- la pone junto
a una recia mano, uno de los motivos más comúnmente pintados.
Ziehlmann
converge y dialoga de artista a artista, de patagón a patagón,
con un patrimonio que rebasa las mezquinas fronteras nacionales para
inspirarse en Yanquenao (Chubut), la Cueva de las Manos (Sta.Cruz) o
las inmensidades de la Cordillera Aisenina. No es el acercamiento del
ilustrador, el investigador o el promotor turístico. Lejos de
caer en el folklorismo de inventar una historia, un “recurso de
Coyhaique”, el trabajo de Oscar es el de un verdadero creador,
inspirado sincera e intensamente por un pasado que estaba ahí,
bajo sus pies, frente a sus ojos: la roca eterna del sur.

Francisco Mena Larrain.
Dr. Antropología, mención Arqueología
Sub-director Museo de Arte Precolombino.
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