
La
piedra indócil se transforma en el sol, en un suave
lomaje, en una sugerente sirena recostada, todo es posible
en un canto rodado, un guijarro brillante tras la lluvia o
polvo de galaxias, oscuras arenas cristalizadas en un
cielo detenido en el tiempo. Sólo se debe andar con los
ojos abiertos para no pisar las nubes que soñamos y
encontrarse de repente con una artesanía que tiene la
antigüedad del mundo. Oscar Ziehlmann estuvo por más de
quince años dedicado a la orfebrería y el ir engarzando
ágatas y amatistas le facilitó el camino a una nueva
manera de trabajar la piedra de grano blando, y para esta
artesanía todo Aisén es una gran cantera y los temas a
desarrollar son infinitos, flora y fauna, costumbrismo
criollo, hasta signos y símbolos que nos conectan con la
metafísica. 
«El
trabajar con este material me produce una alegría inmensa,
porque la piedra en sí misma posee un gran interés en formas y
texturas, pero cuando se raspa aparece el fondo y los colores,
se trata de rascar la cutícula para
que
aparezca ese fondo que siempre es una sorpresa. Yo tenía el
prejuicio de hacer cosas que recrearan ciertas imágenes,
escenas campestres, por ejemplo, pero fueron los niños que me
dieron mas libertad en el diseño. El signo en una piedra cae
muy bien, porque esta conectado con los petroglifos, el
grabado rupestre es universal, y también esta artesanía esta
relacionada con algo que sucedió en la prehistoria de la
Patagonia Argentina, el cerro Yanquenao en la provincia del
chubut, donde se usó esta misma técnica: la fricción, el
raspado y el percutido.

En
nuestra región se debería aprender mas de la piedra y sus
variedades o sus imágenes plásticas. Y esta artesanía es una
invitación a soñarlas, a descubrir la vida fosilizada, es como
un pez que te mira desde el tiempo detenido, o una mujer que
se recuesta con toda su belleza sus volúmenes y armonías y te
mira con sus ojos de piedra». Esta artesanía de Oscar
Ziehlmann busca cauces naturales y podemos decir, como Neruda:
«no importa ser una piedra más, la piedra oscura, la piedra
pura que se lleva el río», o como Parra: «hay que tirarle
pájaros a las piedras».
MARIO MIRANDA SOUSSI
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