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El Poder de la Comunidad.
La Feria Artesanal de Coyhaique, ubicada hace más de 20 años
en un costado de la Plaza de Armas de nuestra capital regional, entre
las calles Horn y Dussen, es una interesante muestra de poder transversal,
generado desde distintos ejes, lo que la ha transformado paulatinamente,
en un lugar destacado en el contexto nacional y posiblemente mundial,
que quizá, nosotros, coyhaiquinos, más acostumbrados a esperar
que nos cuenten cuentos que a contarlos, no hemos descubierto aún.
Primero, la Plaza de Coyhaique con su particular forma,
única plaza en Chile que conecta 10 cortas calles que nacen de
su centro con las avenidas principales de la ciudad, puede vanagloriarse
además de contar entre sus infraestructuras una Feria Artesanal,
fenómeno exclusivo de esta ciudad austral. ¿Y por qué
este hecho significa una particular importancia? Porque institucional
y tradicionalmente en las ciudades de Chile, a lo largo de su historia,
en la Plaza de Armas se ubican la Catedral y algunos servicios o sedes
ministeriales más antiguas; o sea, el poder institucional, el poder
oficial, con exclusión de otras experiencias. Esa misma mentalidad
urbana tradicional ha motivado más de una vez la discusión
sobre la conveniencia de sacar a las artesanas y artesanos del lugar que
actualmente ocupan, para construir ahí la Intendencia o algún
otro edificio gubernamental. Por suerte, y como lo ha dicho el Presidente
en su última cuenta pública, la mentalidad y la visión
de país cambia y seguirá cambiando con una tendencia a la
amplitud cultural, que es amplitud mental, dejando atrás, paso
a paso, los aspectos más rígidos de nuestra idiosincrasia.
Frente a esta tendencia es posible esperar que se acepte sin demasiado
cuestionamiento la consolidación organizacional de la Feria, lo
que conllevará a una consolidación estructural, ideando
una Feria Artesanal que responda al perfil urbano de una ciudad pensada
de aquí en adelante para la actividad turística. Por lo
mismo, creemos que la discusión sobre la localización de
la Feria está ya zanjada. Lo que hoy debemos discutir es sobre
un nuevo diseño arquitectónico unitario, o sobre el mejoramiento
de las actuales instalaciones, instalaciones que por lo demás,
cabe decirlo aquí, gustan mucho a los visitantes de todo el mundo.
Segundo,
el que la Feria durante largos años sea el resultado de la autogestión
de un grupo de personas que decidieron tomar el terreno, con la venia
municipal en la década del 80’, década en que llegaron
muchos habitantes foráneos a vivir a la región, en especial
a Coyhaique, <<y que quiéranlo reconocer o no, han sido testigos
al igual que la comunidad natal, del empuje, el crecimiento y la continuidad
irrefutable de esta Feria>> es una prueba de su solidez y su emprendimiento,
en una sociedad que se ha mostrado en exceso dependiente de la labor y
la subsidiaridad del Estado, una sociedad en la que tal vez, por lo mismo,
la cultura artística es subvalorada y se le suelen colocar todo
tipo de trabas y exigencias, o se le mira con ajenidad e incredulidad
desde el propio Estado a través de sus sedes regionales y también
desde la comunidad profesional, técnica y obrera, fenómeno
al que no escapa la Feria Artesanal, sino por el contrario, es blanco
de un constante cuestionamiento, lo que nuevamente no hace sino probar
su continuidad a través de los años.
Tercero
y último eje, derivado de lo anterior es que podemos con
orgullo decir que la Feria Artesanal es cuna de distintos y antiguos oficios
artesanales y de otros emergentes que han encontrado en ella su impulso
generador, es exposición y expresión permanente de la raigambre
cultural más fidedigna de la región, un lugar donde no sólo
se elaboran mecánicamente productos y souvenir artesanales, lo
que es un obvio resultado de su naturaleza feriante, sino que además
es el barrio de importantes artistas de la ciudad, que día a día
comparten obra y pensamiento con diversos sectores, es punto de inflexión
y reflexión comunitaria, es el lugar, el barrio que transita quien
visita la zona, quien llegue a Coyhaique.
Es así que la Feria Artesanal de Coyhaique es un lugar único,
exclusivo, una organización social fuerte que ha logrado perdurar
en el tiempo, que se ha auto reglamentado, conformada por núcleos
familiares, donde los hijos e hijas con toda seguridad y como se puede
apreciar a simple vista, continuarán generacionalmente este colectivo,
continuarán liderando el barrio artesanal, un barrio de ciudadanías.
Carmen Parés.
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